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- LA GUIA D'INFORMACIÓ PER AL VIATGER INDEPENDENT - |
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Desde Ras al-Hadd volvemos a Sur por la misma carretera de la ida. Son 61 km que recorremos en unos 40 minutos. Al llegar a Sur no tomamos la carretera que bordea la laguna y seguimos recto hasta llegar a la rotonda nº 4, donde giramos a la izquierda hasta llegar a la rotonda nº 1. Aquí cogemos la carretera hacia Muscat por el interior (una señal indica una distancia de 340 km). Tras recorrer unos cuantos kilómetros hacia el sur desembocamos en la carretera de Al Ashkarah a Muscat, en el pequeño pueblo de Al Kamil. Si ahora giramos a la izquierda, en sentido opuesto a Muscat, y tras recorrer 17 km llegamos a las poblaciones de Jaalan Bani Bu Ali y Jaalan Bani Bu Hassan (en este última hay un castillo). Pero si seguimos hacia Muscat, dirección noroeste, reencontramos de nuevo a nuestra derecha el sistema montañoso de Hajjar Oriental que ya habíamos visto en la ruta Muscat-Sur por la costa, aunque ahora por la otra vertiente.
Unos 15 km antes de llegar a Al Mintarib encontramos el desvío a Wadi Bani Khalid (ver apartado posterior). Al Mintarib es conocido por su castillo junto a un oasis de palmeras datileras, pero sobre todo por ser una popular puerta de entrada a la zona de Wahiba Sands (o Sharqiyah Sands), una de las mayores superficies del mundo de desierto de pura duna. Por ella se desplazan grupos de beduínos nómadas con sus dromedarios. Si se dispone de tiempo y no se ha visto nunca un mar de dunas puede ser muy interesante hacer una incursión en la zona, aunque para ello habrá que contratar un tour con una agencia local o bien hacerlo conduciendo un vehículo 4x4, aunque en este último caso hay que ser un experto en conducción sobre arena y en navegación con GPS, además de tener la precaución de ir acompañado de al menos otro vehículo 4x4. En nuestro caso no contemplamos esta excursión por falta de tiempo y porque ya habíamos visto grandes zonas de dunas en el Sahara. En cualquier caso, conduciendo por esta carretera Muscat-Sur, en las inmediaciones de Al Mintarib, el mar de dunas es claramente visible ya que su límite oriental transcurre paralelo a la carretera durante unos kilómetros.
Siguiendo la carretera a Muscat otros 43 km llegamos a la ciudad de Ibra, donde los miércoles por la mañana hay un peculiar mercado de artesanía donde tanto los vendedores como los clientes son sólo mujeres, venidas de toda la región (por tanto, abstenerse hombres). Nosotros pasamos por Ibra un jueves, por lo que no tuvimos la posibilidad de plantearnos su visita (al menos Yolanda). Muchos kilómetros después, al llegar a Ligure nos desviamos a la izquierda y dejamos la carretera a Muscat para tomar la de Samail, donde conectamos con la autovía Nizwa-Muscat. Tras unos cuantos kilómetros más por esta rápida autovía llegamos finalmente a Nizwa.
Majan Guest House (P.O. Box 1262; Tel. 25431910), a 8 km del centro de Nizwa, entre las rotondas Firq y Al-Hashar. Pagamos 20 RO por una habitación doble con baño, TV, A/A y desayuno (recomendamos pedir una habitación que no dé a la carretera). Muy bien el hotel y el desayuno. Es quizás el hotel con mejor relación calidad-precio en Nizwa. Pero nuestra primera noche en Nizwa la pasamos en el Safari Hotel (P.O. Box 202; Tel. 25432150), donde pagamos 35 RO por una suite muy grande (pero desangela- da) y con desayuno incluido. Está a 10 km del centro de Nizwa. No lo recomendamos y de hecho nos quedamos aquí forzados por el hecho de no encontrar habitación disponible en ningún otro hotel de la zona, ya que estábamos en plena festividad religiosa de Eid y al parecer los hoteles estaban llenos de omaníes que habían venido a Nizwa para el mercado especial del día siguiente.
Para comer en Nizwa recomendamos el restaurante Al-Arzaq, en la zona del zoco. Para variar de menú existe un Pizza Hut, a 5 km del centro, junto a la carretera Muscat-Nizwa. Y para conectarse a Internet: CyberCafé (0,6 RO/hora, conexión muy rápida).
Wadi Bani Khalid es una excursión super-recomendable en la ruta Muscat-Sur por la carretera del interior. De hecho el desvío está entre Al Kamil y Al Mintarib. Son 24 km hasta el pueblo propiamente dicho por una bonita carretera que asciende por las montañas para luego volver a bajar un poco. La ascensión proporciona algunas vistas impagables sobre las montañas circundantes e incluso sobre las dunas de Wahiba Sands a lo lejos. Al llegar al pueblo hay que desviarse a la izquierda por una carretera más estrecha que, tras 7 km, finaliza en un aparcamiento.
Aquí dejamos el coche y andamos unos 250 metros por un estrecho camino que transcurre paralelo a un aflaj (acequia) hasta llegar a la zona donde empiezan las piscinas de este gran wadi, con agua todo el año. El paisaje circundante es realmente precioso, con muchas palmeras y vegetación que hacen de este lugar un sitio idóneo para bañarse o hacer pic-nic. De hecho aquí encontramos bastante gente, entre población local y turistas.
El único pero al lugar es que han hecho una especie de vestuarios en cemento que desentonan totalmente con el lugar. Por lo demás, el color del agua y el entorno rocoso del wadi son fantásticos. Desde la zona de piscinas se puede ir andando, con muchas dificultades ya que el camino no es evidente ni fácil (hay que sortear, subiendo a ellas o pasando por bajo, grandes rocas caídas sobre el wadi) e incluso habrá que vadear alguna zona de agua, pero si superamos todos estos obstáculos podremos llegar la cueva Moqal. La cueva en sí no tiene nada de especial, pero lo interesante y bonito es el camino hasta ella.
En un gran rótulo a la entrada del wadi se menciona la posibilidad, para los más aventureros, de realizar una ruta que lleva varios días hasta Wadi Tiwi, al otro lado las montañas Hajjar. Lógicamente, por las características de la ruta es necesario estar en forma, ir preparado con el material necesario y contratar los servicios de guías locales que conozcan bien el terreno.
NIZWA (pronunciado nis-ua) es una ciudad histórica situada en una planicie rodeada de las altas montañas del Hajjar Occidental, a 165 km de Muscat. Nizwa siempre ha tenido fama de ser una ciudad muy conservadora y tanto es así que a mediados del s. XX no se le permitió la entrada al explorador británico Wilfred Thesiger. Por algo será que recibe el sobrenombre de Perla del Islam. Hoy en día no hay ningún problema en visitar Nizwa, pero, por respeto, conviene ser dicretos en el vestir y en el comportamiento.
Nizwa tiene algún punto de interés para el viajero y es útil también como base para explorar la región.
Nizwa Fort. De todos los fuertes que hay en Omán este es el más característico por su enorme torre circular en el centro de la construcción. Fue construido en el s. XVII y llevó 30 años acabarlo. Vale la pena recorrer sus dependencias y sobre todo subir a la torre y almenas para disfrutar de una fantástica vista sobre la ciudad vieja que hay detrás del fuerte, con sus estrechas y laberínticas callejuelas y sus casas de tejados planos, el enorme oasis de palmeras datileras y las montañas Hajjar. La entrada al fuerte cuesta 0,5 RO y está abierto de 9:00 a 16:00, de sábado a jueves, y de 8:00 a 11:00 los viernes.
Zoco de Nizwa. Muy cerca del fuerte, detrás de un enorme y bonito trozo de muralla, se encuentra el zoco de la ciudad. Parte de él, el correspondiente al mercado de frutas, verduras, pescado y carne, está alojado en nuevos edificios, pero construidos siguiendo patrones tradicionales. Vale la pena recorrerlo para ver los productos expuestos y sobre todo a la población local en su ambiente. Aquí tuvimos la oportunidad de ver comprando algunas mujeres vestidas con máscaras tradicionales. Es especialmente interesante el mercado de animales vivos (a la izquierda de la entrada en la muralla), puesto que permite ver como se realizan las transacciones para la venta de los animales. Viendo a los omaníes, vestidos con sus ropas tradicionales, comprobando el estado de la mercancía a comprar (una cabra, por ejemplo) y negociando el precio final a pagar, incluso a gritos, uno piensa que este mercado ha cambiado poco a lo largo de los siglos. Quizá la diferencia es que ahora se llevan las cabras a casa en la parte trasera de un flamante pick-up todoterreno (!). Al parecer este mercado es más activo a primera hora de la mañana de los jueves, pero nosotros estuvimos en él un viernes y quizás por coincidir con la fiesta del Eid (muy importante en el calendario musulmán) encontramos una gran actividad. Por último, en la parte del zoco más cercana al fuerte están las tiendas de artesanía y recuerdos, en las que es posible comprar la afamada plata de Nizwa o un khanjar (pronunciado janyár), un puñal tradicional omaní que está omnipresente en todo el país.
Bahla, 46 km al oeste de Nizwa, tiene el mayor fuerte de todo el país, el cual es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde el año 1987. Se cree que algunas partes del fuerte de Bahla datan de tiempos preislámicos. La mala noticia es que está cerrado al público desde hace tiempo porque se está llevando a cabo un profundo trabajo de restauración que llevará varios años. Aún así vale la pena parar (está junto a la carretera Nizwa-Ibri) para verlo por fuera ya que sus dimensiones son sencillamente descomunales. Junto al fuerte está la mezquita más antigua de Omán (s. X), también cerrada. Al otro lado de la carretera y a lo largo de 1 km aún se pueden ver restos de la muralla original que rodeaba al castillo. Bajo la muralla se extiende la ciudad de Bahla, con uno de los pocos zocos tradicionales que quedan. En la entrada de Bahla, viniendo desde Nizwa, y desviándose a la derecha por una carretera estrecha se llega a algunas tiendas y talleres donde se vende la famosa alfarería de Bahla (las más alejadas son las más tradicionales y donde es posible ver como se hacen las piezas.
Jabrin es un magnífico castillo construido hacia 1670 como residencia palaciega en el cénit de la dinastía Ya'aruba. Es una remarcable mezcla de arquitectura defensiva y sofisticada habilidad artística, con más ornamentos que de costumbre, como sus famosas pinturas en techos y sus tallas en madera. Su soledad en un entorno completamente llano y desolado le hace destacar aún más. Aunque se hayan visto muchos otros castillos en Omán no hay que perderse este por nada del mundo, porque se disfruta cada uno de sus rincones. Es de los mejores, sino el mejor, de todos los que vimos (y fueron unos cuantos!!). Vale la pena dedicarle un buen rato y recorrerlo con tranquilidad, desde las cámaras con tumbas subterráneas hasta las almenas superiores. La entrada vale 0,5 RO y está situado a 7 km de Bahla siguiendo la carretera a Ibri y luego desviándose a la izquierda. Sólo se puede llegar a él si se dispone de transporte propio.
Jebel Shams es la montaña más alta de Omán (3.075 m.) y también la excursión de montaña más popular, gracias al Wadi Ghul, el cual forma un espectacular cañón conocido como el Gran Cañón de Arabia. Con tiempo suficiente es posible hacer impagables trekkings por el borde del cañón, pero si no se dispone de él vale igualmente la pena porque los paisajes y las vistas durante el trayecto hasta la cima son igualmente impresionantes. Para esta excursión también es necesario disponer de transporte privado, el cual puede ser un 4x4 o un vehículo normal, aunque hay que reconocer que en este último caso el coche sufre mucho por las empinadísimas rampas que hay que salvar, tanto para subir como para bajar (hay que rezar para que las marchas y los frenos del coche aguanten, glups!).
Para llegar a Jebel Shams hay que tomar la carretera de Nizwa a Bahla y tras recorrer unos 30 km (pasada la pequeña población de Tanuf) girar a la derecha, en una estación de servicio BP. Continuar durante 12 km hacia Al Hamra y girar a la izquierda al llegar a una estación de servicio Shell. Ahora la carretera sigue el cauce de Wadi Ghul durante unos 9 km hasta el inicio del ascenso, a 16 km de la gasolinera, donde podremos ver a la izquierda el fotogénico pueblo abandonado de Ghul (vale la pena desviarse a la derecha por una pista para acercarse y poderlo ver más de cerca; no hay palabras para describir el paisaje). A partir de aquí una pista que recientemente ha sido mejorada y asfaltada a trozos sube hasta una meseta, a 2.000 metros de altura (como dijimos antes hay algunas rampas que quitan el hipo). En esta meseta es posible acampar, casi junto al cañón, pero hay que tener en cuenta que estamos a unos 1.800 m. y las noches pueden ser frías. Curiosamente aquí, en medio de la nada, encontramos un chiringuito donde gente local vendía alfombras de lana de cabra.
En este punto una pista asciende hacia la cima de Jebel Shams, con nuevas rampas que ponen a prueba el vehículo. Hay tramos de este trayecto que no son aptos para gente con vértigo, ya que hay grandes desniveles a tocar de las ruedas del coche. En la cima de la montaña hay una estación de radar de la Royal Air Force omaní, gracias a la cual se intenta que la pista esté siempre en buen estado. En los 39 km que hay desde Ghul hasta la cima hay varios puntos donde podemos detenernos para contemplar las fantásticas vistas que hay sobre el cañón o sobre los alrededores de esta zona montañosa. En resumen, y tal como decíamos antes, esta excursión es muy muy recomendable.
Al Hamra. A la vuelta de nuestra excursión a Jebel Shams nos desviamos unos pocos kilómetros para visitar esta población, una de las más antiguas de Omán, con la intención de ver unas pocas casas de estilo yemení que, según la guía LP, se encuentran aquí, en la parte vieja de Al Hamra, pero la verdad es que después de dar unas cuantas vueltas por la zona nos fuimos sin estar seguros de haberlas visto. Pero bueno, fue la excusa para ver esta población omaní, a los pies de las montañas Hajjar.
Nuestra primera etapa para ir a Salalah es volver a Muscat desde Nizwa. Con el coche alquilado recorremos los 170 km que separan ambas ciudades en algo menos de 2 horas, incluyendo algunas paradas para hacer fotos. Una vez en Muscat devolvemos el coche en la oficina donde lo alquilamos (en Ruwi). Finalmente hemos recorrido con él un total de 1.326 km en 5 días, por lo que hemos de abonar 16 RO extras por los 326 km que exceden los 200 km/dia incluidos en el precio, a razón de 0,05 RO/km. Eso sí, nos devuelven los 50 RO que habíamos dejado de depósito. Desde esta oficina andamos unos 300 metros hasta la terminal de autobuses ONTC, en Al-Jaame St, donde compramos los billetes de autobús a Salalah (7 RO cada uno).
Hay varios autobuses diarios Muscat-Salalah, pero nosotros tomamos el nocturno. Sale a las 19:00 de la terminal en Ruwi Muscat y llegamos a la terminal ONTC de Salalah, junto al nuevo zoco, a las 6:00 del día siguiente. Por tanto empleó 11 horas para recorrer unos 1.040 km (!), incluyendo una parada para cenar y otra para ir al lavabo. El autobús no estaba mal, aunque los asientos eran algo estrechos.
Salalah Hotel (en A'Suq St, PO Box 823; Tel. 23295626), a sólo 100 m. de la estación de autobuses ONTC y del nuevo zoco. Pagamos 12 RO por una habitación doble con baño, TV, A/A y desayuno. Quizás la mejor relación calidad-precio de todos los hoteles en los que estuvimos en Omán, además de contar con un staff muy atento.
En Salalah podemos recomendar el restaurante Al-Masqoof (as-Salam St). En Mughsail comimos muy bien en el restaurante del Al-Mughsail Beach Tourist House (también es hotel), justo delante de una enorme playa. En Mirbat recomendamos el restau- rante Sharah Tourism, donde comimos muy bien en una terraza junto al mar.
Para cambiar dinero nada mejor que los cambistas indios que hay alrededor del cruce de las calles As-Salam y An-Nahdah. Para conectarse a Internet hay un internet-café junto al nuevo zoco (0,8 RO/hora).
Región del Dhofar
Es la provincia más meridional de Omán, separada del norte del país por cientos de kilómetros de desierto pétreo y una línea de costa prácticamente sin nada. A pesar de encontrarse en el desierto de Arabia esta zona disfruta de un clima relativamente moderado durante buena parte del año. Es muy peculiar el hecho de que tenga una época de monzones, llamada aquí khareef, que va de mediados de junio a mediados de septiembre, en la que el desierto se transforma en verdes pastos gracias a las lluvias.
Durante el khareef multitud de visitantes de todos los países del Golfo inundan Salalah para disfrutar del monzón y escapar del severo calor que hace por esas épocas en el resto de esa zona del mundo, por lo que la población de Salalah se ve casi doblada. Así, si tenéis previsto visitar Salalah por esas fechas se hace imprescindible reservar el alojamiento con bastante antelación.
SALALAH es la capital de la provincia meridional de Dhofar, siendo la segunda ciudad del país en población y el lugar de nacimiento del actual sultán Qaboos bin Said. De hecho, en la tradición omaní el sultán del país solía vivir en Salalah, hasta que Qaboos rompió esta norma y vive en Muscat desde que llegó al poder en el año 1970. Pero una rama de la familia real omaní gobernó en la isla de Zanzíbar, en la costa oriental de África, hasta el año 1964, por lo que no es extraño que Salalah tenga un carácter africano muy distintivo que la hace ser bastante distinta de las ciudades en el norte omaní. La gran cantidad de palmeras cocoteras que hay por doquier también le dan un aire muy particular y atractivo.
Para visitar el Dhofar se hace necesario disponer de vehículo propio, ya sea alquilando un vehículo o contratando un taxi. Nosotros nos inclinamos por la primera opción y fue la primera gestión que hicimos una vez conseguido el hotel. A través de él conseguimos in extremis un coche de la compañía Rent A Car LLC / Sixt (fue el único que encontramos disponible), alquilando un Hyundai Sonata automático, de gama alta, por 16 RO/día, incluyendo un kilometraje de 200 km/día. Lo alquilamos por dos días y con él recorrimos un total de 442 km (aunque la compañía nos perdonó los 42 km extras en el momento de entregarlo). Además la compañía de alquiler nos llevó el coche al hotel y nos permitió devolverlo en el aeropuerto.
En Salalah hay varias cosas a ver, pero una de las más interesantes son las ruinas de Al-Baleed, abiertas al público hace pocos años, y que son los restos arqueológicos de la antigua ciudad establecida aquí en el s. X. Visitar las ruinas supone un agradable y largo paseo mientras se leen algunos paneles explicativos, junto a restos de antiguos muelles, mezquitas, edificios o tumbas. También el museo junto a las ruinas es muy recomendable por la cuidada exposición. Están situadas a unos 3 km de Salalah por la salida a Mirbat y la entrada al recinto cuesta 1 RO. Dentro de la ciudad, pero no muy lejos del aeropuerto se encuentra la tumba de Homran, donde se cree que está enterrado el padre de la Virgen María. Siguiendo la calle An-Nahdah hacia el mar esta desemboca frente al palacio del Sultán, aunque sólo veremos sus altos muros ya que está cerrado al público. A lo largo de la calle As-Salam, el centro comercial de la ciudad, hay multitud de tiendas y negocios de todo tipo, mayormente regentados por indios. Pero para comprar incienso, perfumes o algún recuerdo en general lo mejor es ir al zoco Al-Hosn, junto al mar, en el sur de la ciudad. En él hay muchas tiendas donde poder ver y comparar. Para comprar incienso nosotros recomendamos la tienda Al Shahanda Shop (calle Saruq; tel. 92302155), regentada por el amable Sr. Hassan.
Para bañarnos escogimos la playa del hotel de lujo Crowne Plaza Resort, a 7 km del centro de Salalah en dirección a Mirbat, con una enorme playa de arena blanca, muy bonita y limpia. Y no hay ningún problema en utilizarla porque la playa aquí no está cerrada. Además tuvimos la oportunidad de ver una curiosa escena: un grupo de pescadores sacando unas enormes redes de pesca del agua utilizando un 4x4 para tirar de ellas (es la pesca de arrastre con 4x4). En la ruta del centro de Salalah al hotel hay unas cuantas paradas de fruta bajo unos cocoteros que constituyen una estampa muy fotogénica. Y unos 250 m. más allá del hotel hay una pequeña zona de marismas donde pudimos ver numerosas aves, entre ellas muchos flamencos.
Por último, durante la época del khareef se organizan numerosos eventos en Salalah bajo el nombre de Khareef Festival.
Ruta de Salalah a Mirbat. Tomamos la carretera asfaltada que parte de Salalah hacia el este y nos dirigimos a Mirbat, a 70 km de Salalah y punto final de esta ruta, para luego volver a Salalah por el mismo camino. Mirbat fue famoso en el s. IX gracias a la cría y exportación de caballos, así como por el comercio del incienso. Hoy es una pequeña población de pescadores. Justo a la entrada de Mirbat, a nuestra derecha, podemos ver la llamativa tumba de Bin Ali, con una doble cúpula de color blanco. En Mirbat es interesante el puerto, con sus dhows de pesca, algunas casas de mercaderes con sus bonitas ventanas de celosía de madera, o el fuerte (cerrado en el día de nuestra visita).
En el camino de vuelta a Salalah, unos 4 km antes de llegar a Taqah, encontramos a la derecha una carretera, con la indicación Tawi Attar, que sale hacia las montañas. La tomamos y la seguimos durante unos 4 km hasta llegar a Wadi Dharbat, un sitio que no hay que perderse por nada del mundo. Por el camino encontramos infinidad de dromedarios, vacas y asnos campando libremente por la carretera y campos, y es que en esta época del año miembros de la tribu Jibbali establecen aquí su campamento, visible desde la carretera, para que los animales puedan pastar en la hierba verde del wadi. Sí, verde...!! Porque al llegar a Wadi Dharbat sorprende la gran cantidad de agua que aún lleva el río, estando como estamos ya en la época seca, y lo verde que está la hierba alrededor de él. No es extraño, pues, que siendo domingo el día en que estuvimos aquí hubiera una gran cantidad de familias indias (hay una importante comunidad india viviendo en Salalah) haciendo pic-nic junto al río. Alrededor del wadi y desde la carretera que llega hasta él podemos ver imponentes montañas, cortadas a pico y con numerosas cuevas en sus paredes calcáreas, como la cueva Taiq, una de las mayores simas del mundo. En esta zona también se encuentra la llamada carretera mágica, un camino sin asfaltar y en pendiente donde se produce un curioso fenómeno que parece desafiar las leyes de la física, pero que en realidad es una ilusión óptica: dejando el vehículo en punto muerto y sin frenar uno percibe que el coche se mueve pendiente arriba en vez de pendiente abajo (aseguraos de que controláis la dirección del coche).
Volvemos a la carretera de Salalah y un poco más allá nos desviamos para una rápida visita a Taqah, a unos 35 km de Salalah. Subimos por una pista hasta el fuerte de Taqah. No vale mucho la pena, pero está situado sobre un promontorio desde el que hay una estupenda vista sobre el mar, la playa y la propia población. Unos 5 km más allá tomamos una pista a la izquierda para intentar encontrar Khor Rori (Samhuram), un puerto que 2.000 años atrás fue el centro comercial del incienso y del que ahora sólo quedan unas ruinas. Seguimos por la pista unos 3 km más, para luego volver por el mismo camino hasta la carretera. La verdad es que lo mejor de todo fue la impresionante vista que hay desde lo alto de un acantilado que encontramos por el camino.
Ruta de Salalah a la frontera yemení. Salimos con el coche en dirección a Mughsail y al cabo de poco ya vemos las enormes grúas del puerto de Salalah. Llegamos a Mughsail, unos 48 km al sudoeste de Salalah, población que cuenta con una preciosa playa de arena blanca de más de 1'5 km de largo. Paramos junto al Al-Mughsail Beach Tourist House y andamos un rato por la enorme playa. En el extremo oeste de la playa encontramos una atracción local, los respiraderos de Mughsail, el equivalente al Peine del Viento en Donostia. Cuando hay suficiente oleaje el influjo del mar provoca trombas de agua a través de la roca porosa y el resultado es un sonido impresionante. Junto a los respiraderos hay una zona de pic-nic (el pic-nic es uno de los deportes nacionales omaníes) desde el que la vista sobre el mar y los acantilados es maravillosa.
Retomamos la ruta hacia el oeste y nada más dejar Mughsail la carretera asciende rápidamente unos 1.000 metros entre las increibles montañas Jebel al-Qamar hasta llegar a una meseta. Para salvar este desnivel ha sido necesaria una verdadera obra de ingeniería, ya que la carretera zigzaguea pegada a una pared vertical de roca. Sencillamente impresionante. Vale la pena pararse para disfrutar de la vista desde arriba. El paisaje en esta zona del Dhofar es muy diferente del de Salalah. Aún continuamos durante unos kilómetros hasta llegar casi a Sarfait, uno de los puntos fronterizos de Omán con Yemen. Aquí dimos la vuelta para volver por la misma carretera, parándonos en otros lugares para ver la vista sobre el océano y la escarpada costa de esta zona tan agreste y salvaje.
Unos 8 km antes de llegar de nuevo a Mughsail paramos en un wadi, dejamos el coche y fuimos andando unos metros por el lecho del wadi a la búsqueda de árboles del incienso, los cuales no tardamos en encontrar. Fue emocionante poder ver y tocar estos árboles. El incienso es una resina dura obtenido de la savia de este árbol que sólo crece en el sur de Omán y en algunas partes de Somalia y la India, aunque el incienso omaní es el de mayor calidad. El árbol en sí es achaparrado y no demasiado atractivo, pero teniendo en cuenta el medio natural hostil en el que crece... Tras un rato aquí retomamos la ruta y volvemos hacia Salalah. En resumen, se dice que la ruta de Salalah a Sarfait es la más espectacular de Omán y una de las top en el mundo. Quizás esto sea exagerado, o no, pero en cualquier caso os podemos decir que nosotros la disfrutamos muchísimo y la recomendamos aún más.
Tierra del incienso. Los sitios de Wadi Dawkah, Shisr/Wubar, Khor Rori y Al-Balid (todos en la región de Dhofar) fueron declarados en el año 2000 Patrimonio Cultural de la Humanidad por su importancia histórica en la antigua ruta comercial del incienso, puesto que este era el centro de producción de esta mercancía, muy usada y preciada en el mundo antiguo (de hecho tan valiosa como el oro). Hoy en día los omanís continúan usando mucho el incienso, quemándolo sobre ascuas de carbón vegetal para fumigar habitaciones y ropa, o mezclándolo con otros ingredientes para obtener perfumes (Salalah es conocida como la capital del perfume de Arabia). También se quema incienso para dar la bienvenida o despedir a los invitados en bodas o fiestas.
Ruta al noroeste de Salalah. El objetivo principal de esta ruta es visitar la Tumba de Job, donde supuestamente reposan los restos de este profeta bíblico. Está situada sobre una colina a 30 km de Salalah. Para llegar a ella partimos de Salalah en dirección a Mughsail, pero giramos a la derecha nada más pasar junto al hotel Hamilton Plaza. Tras recorrer unos 22 km hay que girar a la izquierda, siguiendo la indicación An-Nabi Ayyub, y seguir una pequeña carretera durante 1 km. Para entrar a la mini-mezquita en la se encuentra la tumba hay que quitarse los zapatos a la entrada y las mujeres cubrir su cabeza (a la entrada hay pañuelos para quién no lleve uno), pero no hay ningún problema en hacer fotografías en el interior. Independientemente de las convicciones religiosas, pensamos que vale la pena visitar este lugar. A la salida se recomienda dejar un donativo. Junto al aparcamiento que hay a la entrada del mausoleo hay un restaurante (cerrado el día que estuvimos allí) desde el que hay buenas vistas del entorno, incluida la pequeña población de Ghadwa.
Acabada la visita al mausoleo volvemos hasta la carretera principal y en vez ir hacia Salalah tomamos la dirección contraria, hacia Al Mazyounah, continuando durante uno 8 km antes de volver. Por el camino vimos grandes grupos de dromedarios pastando en las laderas de las lomas, proporcionando un cuadro muy fotogénico. Hay que decir que la conducción por esta zona del Dhofar permite ver paisajes extraordinarios (aún pudimos ver zonas en las que se mantenía la hierba que el khareef hizo aparecer sobre el desierto). En el camino de vuelta a Salalah nos paramos en un mirador que permite disfrutar de una vista fantástica, aunque algo disipada por la calima, sobre la llanura en la que se encuentra Salalah, unos 600 metros por debajo nuestro.
En las oficinas de Oman Air en Salalah (en el interior del edificio Haffa House, junto a la rotonda Clock Tower) compramos, con dos dias de antelación, los billetes del vuelo Salalah-Muscat. Pagamos 36 RO por cada billete (pagables con tarjeta de crédito) y la gestión de la compra fue muy rápida y más barata que si la hubiéramos hecho a través de una agencia (habíamos preguntado precios en Muscat). Por si a alguien le interesa también averiguamos que existe un vuelo, de la misma compañía, de Salalah a Dubai por 81 RO.
El aeropuerto de Salalah está apenas a 2 km del centro. Nuestro vuelo de Oman Air salió de Salalah a las 13:10 y llegó a Muscat a las 14:25. Los asientos del avión eran amplios y cómodos y se nos sirvió un almuerzo. Muy bien.
Una vez en el aeropuerto internacional Seeb de Muscat, a 30 km de Ruwi, averiguamos que no había ningún servicio de autobús regular con la ciudad. Pero si no se quiere coger un taxi la alternativa es fácil: basta caminar unos 200 metros hasta la gran rotonda que hay delante del aeropuerto y esperar en el arcén a que pase un minibús con destino Ruwi. Nuestra espera fue de tan sólo 2 minutos. El trayecto nos costó 0,3 RO cada uno y finalizó en el lado sudoeste de la rotonda Ruwi (Ruwi R/A).
Esta vez Muscat es sólo una etapa para partir al día siguiente hacia Dubai, tomando un autobús a primera hora de la mañana. Por ello miramos un par de hoteles que están junto a la terminal de autobuses ONTC en Ruwi, el Sun City (35 RO la habitación doble) y el Wafa Flat (20 RO), pero finalmente decidimos volver al Corniche Hotel, en Muttrah, donde ya estuvimos la otra vez. La decisión tuvo que ver sobre todo con que la zona de Muttrah nos gustó mucho. Ver Muscat (I).
Esta larga etapa comenzó tomando un minibús en Muttrah a las 6:15 de la mañana con destino a Ruwi (0,1 RO cada uno). Andamos los 500 m. que hay entre la rotonda Ruwi i la terminal de autobuses ONTC. El billete para el autobús de las 7:00 de la mañana a Dubai lo habíamos comprado la tarde anterior, aquí mismo, por 5 RO. Este autobús era más grande y cómodo que con el que vinimos desde Dubai, pero también paraba más, por lo que fue algo más lento. Finalmente, tras un plácido viaje (incluyendo el paso sin problemas por las dos fronteras) y siguiendo la ruta que ya conocíamos, llegamos a Dubai (Emiratos Árabes) a las 13:45. El sitio de llegada, cerca del complejo DNAT, fue el mismo del que partimos el primer día.
Nuestra idea inicial era alquilar un coche para ir a la península de Musandam, ya que aunque es territorio omaní resulta ser más fácilmente accesible desde Dubai que desde Muscat. Por ello miramos en unas cuantas agencias de alquiler de coches locales que hay junto a la terminal ONTC, pero ninguna alquila coches para ir a Omán, sólo para moverse por Dubai o a lo sumo ir a otro emirato. Así que tomamos un taxi, que por 9,5 AED (con taxímetro) nos lleva a la terminal de llegadas del aeropuerto de Dubai. En esta terminal hay unas cuantas agencias de alquiler de coches, locales e internacionales, en las que también preguntamos, pero aquí nos encontramos el problema de que todas nos piden el carnet de conducir internacional para salir del emirato de Dubai e ir a otros emiratos o a Omán (ver Coche de alquiler).
Como no disponemos del carnet internacional ni queremos perder tiempo en obtenerlo optamos por cambiar la planificación inicial del viaje y limitarnos a visitar los emiratos de EAU. Finalmente encontramos una compañía local, La Perle (tel. 04-2955011), que nos alquila un vehículo y nos permite salir de Dubai e ir a otros emiratos (pero no a Omán) sin el carnet internacional. Por 160 AED/día, todo incluido y kilometraje ilimitado, tenemos un Peugeot 307 automático que estrenamos nosotros. La compañía bloquea el equivalente a 750 AED durante 15 días y a través de la tarjeta de crédito por si hubieran multas de tráfico. En EAU el precio medio del equivalente a la gasolina Eurosuper era de 0,29 €/litro (!!!!).
Ya con el coche salimos del aeropuerto y conectando varias autopistas conseguimos llegar a Sharjah. Són sólo 8 km y está bien indicado, pero el caos del tráfico era impresionante ya que seguramente coincidimos con el fin de la jornada laboral y la vuelta a casa (debido a los altísimos precios de la vivienda en Dubai mucha gente se ve obligada a vivir en Sharjah). Quizás por ello la forma de conducir aquí resultaba ser bastante más agresiva que en Omán. Llegar al centro de Sharjah no fue fácil, ya que no disponíamos de mapa ni teníamos ninguna referencia, pero finalmente lo conseguimos.
Al Sharq Hotel (PO Box 20201 - Sharjah; Tel. 06-5620000), situado en el lado sur de la céntrica plaza Al Rolla. Se trata de un hotel de precio medio en le que pagamos 250 AED per una habitació doble con baño privado, TV, nevera y A/A. Además dispusimos de aparcamiento privado para el coche. Muy correcto y bien situado.
Aquí recomendamos el restaurante libanés Automatic (Buheirah Corniche, junto a la mezquita Al Noor), muy bien
SHARJAH es uno de los 7 emiratos de EAU (el tercero en extensión) y el único que tiene a la vez línea de costa en el Golfo de Omán y en el Mar de Arabia. El petróleo primero y el gas después aportan una enorme riqueza económica a este emirato. En 1998 la UNESCO nombró a este emirato como la Capital Cultural del mundo árabe debido a su compromiso con el arte, la cultura y la conservación de su patrimonio. Lo cierto es que nos sorprendió muy gratamente y desde aquí recomendamos totalmente su visita.
Las autoridades de Sharjah editan un pequeño libreto, la Sharjah Visitor's Guide, que es una magnífica y útil guía turística. Se puede obtener en hoteles, museos, etc.
Heritage Area. Zona compacta, situada entre las avenidas Al Arouba y Al Corniche, y que forma parte de la ciudad antigua de Sharjah. En ella encontramos un conjunto de interesantes edificios, mayormente antiguas residencias de importantes familias locales, que fueron bellamente restaurados a partir de 1995. Muy recomendable visitar esta zona de la ciudad para ver y entender la historia y arquitectura locales. La entrada a la mayoría de museos de la zona vale 5 AED, pero en función de los que se quieran visitar puede ser interesante comprar un billete unificado que cuesta 20 AED.
El primer edificio que encontramos es el fuerte Al Hisn, construido en 1820 y donde vivió la familia gobernante en Sharjah. La casa Bait Al Garbi (del jeque Sultan bin Saqr Al Qassimi) tiene tres tipos distintos de torres de ventilación (usadas antiguamente como aire acondicionado natural). Bait Al Badoon, en cambio, es una casa de principios del s. XIX y es una muestra perfecta de casa tradicional de los Emiratos. Tampoco hay que perderse el Museo Islámico, con una magnífica colección de objetos, como monedas, cerámica, vidrio, ropa, oro, instrumentos científicos, etc. O el Sharjah Heritage Museum. También aquí encontramos el interesante zoco Al Arsah, lugar de encuentro de los beduínos con sus camellos a principios del s. XX, y que ha sido reconstruido a la manera tradicional. Se puede acabar la visita tomando algo en un café tradicional que hay en el zoco.
Una bonita ruta para hacer andando es la que parte de la plaza Al Rolla y sale hacia el oeste por la avenida Al Arouba, llena de comercios indios, hasta llegar a la plaza Al Soor, desde la que podemos ver en toda su extensión el atractivo Central Souq, un enorme y moderno edificio que alberga más de 600 tiendas de todo tipo y que se ha convertido en un punto de referencia en Sharjah. A su izquierda destaca la silueta de la mezquita King Faisal. A partir de aquí caminamos junto a la laguna Khaled por Al Buheirah Corniche. Tras un largo trayecto bordeando la laguna llegamos a la preciosa mezquita Al Noor (su forma nos recordó vagamente a la Mezquita Azul de Estambul, aunque esta es más pequeña). Junto a la mezquita encontramos el café Al Gahwa al-Shahbeya (en el que no se sirve café), en un bonito edificio de estilo tradicional y con una terraza con estupendas vistas sobre la laguna. Unos 600 metros más allá tenemos la mezquita Al Majaz, situada en un gran parque con el mismo nombre. Desde aquí se puede volver al punto origen deshaciendo parte del camino para tomar luego la avenida Al Zahra y pasar por la plaza Government, con los imponentes edificios de Correos a un lado y el Ayuntamiento al otro.
A pie (es un largo paseo de unos 8 km) o con el coche merece la pena dar la vuelta a la laguna Khaled, junto a la que se están construyendo algunos numerosos e impresionantes rascacielos (con bonitos reflejos en el agua de la laguna). Esta vuelta debe incluir el pasar por el puente Sharjah, apoyado sobre una de las islas que hay en la laguna, y desde el que hay una buena vista al estar algo elevado. Por otra parte, cruzando la calle Al Corniche desde la Heritage Area llegamos al activo puerto de Sharjah, donde podemos ver numerosos dhows fondeados.
Salimos de Sharjah con el coche en dirección a Fujairah, en la costa oriental, tomando la calle Sheikh Mohd Bin Saqr Al Qassimi (seguir las indicaciones al aeropuerto). Nada más salir de Sharjah, a sólo 15 km del centro, vale la pena detenerse un momento para recorrer el campus de la nueva University City, una de las mayores ciudades universitarias de Oriente Medio, ya que cuenta con edificaciones espectaculares y todo ello en medio de jardines con césped y numerosas fuentes (!!!).
Volviendo a la carretera a Fujairah, al principio el paisaje es plano y desértico, con pequeñas dunas y arbustos, pero antes de llegar a la población de Masafi (donde tuvimos la oportunidad de ver su conocido mercado del viernes, pero que ahora es diario) el paisaje se torna montañoso y a ratos bonito. Tras recorrer 110 km llegamos a Fujairah, la capital del emirato de igual nombre, donde tomamos la carretera que sigue la costa del Golfo de Omán hacia el norte, hasta llegar a Khorfakkan, a 26 km de Fujairah. La carretera entre Fujairah y Khorfakkan estaba en obras en varios de sus tramos. Aunque el paisaje costero que se ve desde la carretera no vale gran cosa sí son bonitas las montañas que llegan casi hasta el mar.
Khor Fakkan Youth Hostel (Khor Fakkan; Tel. 06-2370886), situado en una casa justo en la entrada de Khorfakkan, viniendo desde Fujairah, a la derecha de la autovía. Cuesta 150 AED una habitación doble privada muy sencilla con baño compartido. Muy limpio. Estuvimos prácticamente solos en la casa. La otra alternativa de alojamiento en Khorfakkan es el caro Oceanic Hotel (PO Box 10444; tel. 09-2385111), un resort de lujo donde nos pidieron 695 AED por una habitación doble.
En Khorfakkan cenamos en la popular cafetería Al Fouj, en la carretera principal, no muy lejos del Youth Hostel. Correcta.
FUJAIRAH. Este pequeño emirato, con sólo 1.450 km², se encuentra en la costa este de EAU, frente a la costa del Golfo de Omán. Hasta el año 1952 formaba parte del emirato de Sharjah. Como en otros emiratos aquí el crecimiento económico es patente por la cantidad de nuevos edificios y proyectos inmobiliarios en desarrollo.
En Fujairah nosotros nos limitamos a dar una vuelta con el coche por la ciudad, ya que no tiene nada especial. Entramos en la ciudad por la avenida Hamad bin Abdullah, el eje de la zona de negocios, y continuamos hasta llegar a la Corniche, desde donde se puede ver el puerto pesquero y el comercial. Desde aquí seguimos hacia el norte por Al-Gurfah hasta llegar a la rotonda con una cafetera en su centro, donde giramos a la izquierda para tomar Al-Nakheed y llegar hasta la ciudad vieja de Fujairah, en la que se encuentra el fuerte (en reconstrucción). Por el camino cruzamos unos enormes jardines de palmeras datileras. Visto el fuerte por fuera tomamos la calle Al-Sharqui para volver a la avenida Hamad bin Abdullah, completando así una vuelta de 8 km.
En Fujairah aprovechamos para comer en el muy recomendable restaurante libanés Al-Meshwar (en Hamad bin Abdullah, frente al Fujairah Trade Centre). El restaurante ocupa un curioso edificio que, tal como comenta la guía LP, parece de cartón piedra y sacado de un decorado de película, mezcla de Los Picapiedra y de un castillo cruzado. Comida deliciosa, lugar agradable y acogedor y con precios más que razonables.
KHORFAKKAN. Esta ciudad, a unos 26 km al norte de Fujairah, pertenece al emirato de Sharjah y es la segunda en importancia en la costa este de los EAU. Cuenta con una preciosa bahía natural, alrededor de la cual ha crecido la ciudad, la cual focaliza su economía en un gran puerto de contenedores que se encuentra en el extremo sur de la bahía.
Lo cierto es que tanto la bahía, la playa como el paseo marítimo son muy bonitos y la única pega en este paisaje son el puerto y sus grúas a un lado y el feo hotel Oceanic al otro. Desde la Corniche se puede ver, sobre una colina, lo poco que queda del antiguo palacio del soberano de Sharjah.
Ver los detalles de la nuestro trayecto desde Khorfakkan a Dubai en el apartado Ruta de Khorfakkan a Dubai.
En general, el alojamiento en Dubai es caro y por tanto hay muy poca oferta para presupuestos muy ajustados. En nuestro caso, en el Florida Hotel Dubai (calle Al-Sabkha, en el corazón de Deira; Tel. 4-2268888) pagamos 350 AED por una habitación doble con baño privado, TV, nevera, A/A y desayuno incluido. Su situación es muy conveniente. Durante el día hay mucho movimiento en la zona ya que se encuentra junto al zoco, pero por la noche es bastante más tranquila. Para nosotros fue una buena elección. Si el presupuesto da para más (900 AED la habitación doble) entonces recomendamos la Orient Guesthouse (Al Fahidi St; tel. 4-3519111). Es un hotel boutique de sólo 10 habitaciones que ocupa una antigua casa señorial, situada en el centro de la zona histórica de Bastakiya, que ha sido restaurada con todas las comodidades actuales, pero manteniendo la decoración de estilo arábigo de hace un siglo. Nosotros no tuvimos la oportunidad de hospedarnos en él (lo descubrimos por casualidad paseando por la zona), pero su propietaria tuvo la amabilidad de mostrarnos personalmente algunas habitaciones o el precioso patio central.
En la Cafeteria 4 Seasons (esquina de las calles Al-Sabkha y Naif, a sólo 50 metros del hotel Florida) es posible comer un buen plato de shawarma, por ejemplo, a muy buen precio.
Para conectarse a Internet recomendamos el Al Jabreen Internet Cafe (3 AED la hora), en el interior de un pequeño centro comercial, en la esquina de las calles Al-Sabkha y Naif, al otro lado de la Cafeteria 4 Seasons. Por otro lado, las llamadas locales en Dubai son gratuitas.
Ruta de Khorfakkan a Dubai. Salimos a primera hora de la mañana de Khorfakkan y continuamos hacia el norte por la autovía que transcurre pegada a la costa, con muchos tramos en obras. También vimos iniciadas las obras para construir en esta porción de costa un enorme complejo de viviendas de lujo dentro del mar, similar a The Palm en Dubai. A menos de 10 km de Khorfakkan encontramos la pequeña población de Badiyah (pertenece al emirato de Fujairah), una de las más antiguas de la zona. Siguiendo la carretera hacia el norte, justo al salir de Badiyah, encontramos a mano izquierda una minúscula y preciosa mezquita, del s. XV (posiblemente la más antigua de los EAU). Esta simpática y coqueta mezquita en miniatura es una construcción pintada completamente de blanco y con 4 cúpulas que se sustentan en un único pilar central. Al vernos llegar el imán de la mezquita vino solícito a preguntarnos si queríamos visitar el interior de la mezquita. Aceptamos su invitación (hay que vestir apropiadamente y las mujeres cubrir su cabeza con una abaya que presta el mismo imán) y entramos con el imán, el cual nos hace de guía y nos explica cosas sobre esta curiosa mezquita. Acabada la visita este amable imán nos regaló un libro didáctico sobre el Islam. Para redondear esta super-recomendable visita subimos a una torre de vigía que hay detrás de la mezquita y desde la que hay una vista muy muy bonita sobre las montañas del Hajjar, la población de Badiyah, el palmeral y el mar.
Continuamos viaje por esta bonita zona costera hasta llegar a Dibba, 34 km al norte de Badiyah, población formada por tres núcleos, con la curiosa particularidad de que está regida por dos emiratos y un sultanato. Viniendo desde Badiyah primeramente encontramos Dibba Muhallab (de Fujairah), zona en la que están los hoteles. Siguiendo hacia el norte encontramos Dibba Hisn (de Sharjah), con una enorme y bonita mezquita, visible desde muy lejos. Tomando el ramal norte que hay en la rotonda ante esta mezquita y recorriendo otros 4 km llegamos a Dibba Bayah (de Omán). Pasamos ante un rótulo informativo que nos advierte de que estamos en territorio omaní, pero no hay ninguna frontera visible. Llegamos a ver un desvío del que partía una carretera con la indicación de Khasab, la capital del territorio omaní de Musandam, a 110 km, pero desconocemos si esa vía es posible para un vehículo que no sea 4x4. En cualquier caso, el lado omaní de Dibba es un enclave especialmente bonito, con las montañas del Hajjar formando una pared de roca tras la que se extiende la península de Musandam. Como curiosidad (aunque no nos sorprendió) decir que también es más limpio, ordenado y bien puesto que los otros dos núcleos de Dibba.
Volviendo hacia atrás de nuevo, hasta la rotonda de la mezquita en Dibba Hisn, donde tomamos el ramal hacia Dubai. Unos 7 km más tarde tomamos un desvío a la derecha con la indicación RAK. Parece una carretera relativamente nueva que pasa por unos parajes preciosos y vírgenes (deshabitados y casi sin signos de civilización). Absolutamente recomendable. En un punto del trayecto, antes de llegar a la población de Khatt, nos encontramos con que se ha desprendido la pared de roca de una montaña y ha enterrado un tramo de carretera, por lo que tuvimos que desviarnos por el lecho de un wadi para salvar el obstáculo.
Ras Al-Khaimah (RAK), a 70 km de Dibba, es el emirato más septentrional y fértil de los EAU, situado en la costa oeste y haciendo frontera con el territorio omaní de la península de Musandam. En nuestra ruta desde Dibba llegamos a RAK siguiendo la carretera que viene del aeropuerto (las montañas Hajjar como fondo forman un fantástico paisaje de bienvenida). En una rotonda de Al-Nakheel, la zona comercial y de negocios de RAK, giramos a la izquierda (indicación Old Town) para tomar la calle Al-Hisn que nos conduce a la ciudad vieja (situada en una península arenosa) tras cruzar un puente que salva la ría Khor Ras Al-Khaimah. Dejamos el coche ante el Museo Nacional de Ras Al-Khaimah, ubicado en un fuerte del s XVIII. Damos una vuelta a pie por la ciudad vieja y por el zoco colindante, ambos sin demasiado interés.
Tras la rápida visita a RAK retomamos la ruta y enfilamos hacia el sur, siguiendo la carretera que va pegada a la costa. En el camino pasamos por los minúsculos emiratos de Umm Al-Qaiwain y Ajman, a 40 y 70 km de RAK respectivamente, aunque no nos detuvimos en ellos por no tener nada que nos interesara lo suficiente. Eso sí, desde la carretera pudimos ver algunas plataformas petrolíferas en el mar y también grandes proyectos de urbanizaciones de lujo junto al mar o directamente en él, en forma de islas artificiales. Los arcenes y alrededores de la carretera a su paso por Umm Al-Qaiwain estaban muy sucios para el estándar de otros emiratos, con miles de bolsas y residuos de todo tipo. Pasamos también por las afueras de Sharjah y conectamos con la autopista a Dubai, adonde llegamos tras recorrer unos 90 km desde RAK.
DUBAI es seguramente el emirato más activo y moderno de los siete que forman la federación de los Emiratos Árabes. En los últimos años viene reinventándose a sí mismo con el objetivo de convertirse en el centro financiero y económico de la región, así como un polo de atracción para un turismo de alto poder adquisitivo. Y todo ello para diversificar sus ingresos, ya que, a diferencia del emirato de Abu Dhabi, sus reservas de petróleo son escasas. Aún y así, cualquier proyecto constructivo, por disparatado que pueda parecer, aquí es posible, ya que el dinero a invertir no es problema. La mano de obra necesaria para estas obras faraónicas se importa de Asia, sobre todo de la India (así sólo un 19% de la población de Dubai es realmente emiratí).
La ciudad-emirato de Dubai ha ido creciendo a partir de unas cuantas casas de beduínos instalados a ambas orillas de una ensenada. Así la ciudad se divide en dos partes, Deira en la orilla norte y Bur Dubai en la sur. Dubai es una ciudad muy cosmopolita y situada ya entre las 10 ciudades más visitadas del mundo. Nuestra opinión es que realmente vale la pena visitar Dubai y dedicarle al menos unos dos días, a diferencia del resto de emiratos que visitamos, exceptuando Sharjah, en los que una visita de pasada es suficiente.
Khor Dubai (o Dubai Creek en inglés) es el nombre de la ensenada en forma de río que separa Deira de Bur Dubai y que da un carácter especial a la ciudad. También es su corazón, lo cual se nota en lo concurrida que está a todas horas, con multitud de abras repletas de gente navegando por la ensenada. Las abras son pequeñas embarcaciones que hacen de taxis acuáticos, cruzando de una orilla a otra siguiendo unas rutas preestablecidas entre estaciones, y cada trayecto cuesta 0.5 AED por persona. Desde luego vale la pena pasear por ambas orillas para disfrutar de bonitas estampas de la ciudad.
En la orilla de Deira, por ejemplo, podemos ver los muelles de dhows (entre las estaciones de abras Sabkha y Deira Old Souq), donde se cargan y descargan mercancías de todo tipo con origen o destino en cualquier puerto del Golfo o de Asia. Ofrecen pues una imagen pintoresca del comercio que forma ya parte del patrimonio histórico de Dubai. No lejos de aquí encontramos el famoso zoco del oro (uno de los mayores del mundo, donde se venden desde simples lingotes a joyería super-sofisticada), así como el de las especias (estrechos callejones aromatizados por una mezcla de clavo, cardamomo, canela, incienso, y todo tipo de especias) y de los perfumes. A última hora de la tarde es cuando están más concurridos.
En la otra orilla, en la de Bur Dubai, tenemos la interesante zona de Bastakiya, con numerosas casas señoriales construidas a principios del s. XX por ricos mercaderes y que ahora están siendo restauradas. Estas casas tradicionales cuentan con un patio interior, y también con torres de ventilación, usadas antiguamente en esta zona del Golfo para refrescar el interior de las casas. Pegado a este barrio está el Diwan, la residencia oficial del jeque Maktoum que gobierna Dubai en la actualidad. Detrás de él está el muy interesante Dubai Museum, el cual ocupa el interior del fuerte Al Fahidi, del s. XVIII. Sin escatimar en medios, con dioramas, audiovisuales o hologramas, el museo ofrece una fascinante visión de la historia y el patrimonio cultural de Dubai, con secciones que muestran, entre otros muchos aspectos, la vida tradicional de los beduínos en el desierto o la de los buceadores que buscaban perlas en el fondo del mar. La entrada al museo es por la calle 76A y cuesta 3 AED. Al lado del museo está la Grand Mosque, pero la verdad es que es más bonita por fuera que por dentro. En el lado oeste empieza el Dubai Souq (zoco de textiles), con sus callejones cubiertos con un bonito tejado de madera. Caminando desde él hacia el oeste por la orilla del khor llegamos a la zona de Shindagha, cerca de la boca de la ensenada y lugar de las primeras construcciones en Dubai. Aquí encontramos el Heritage & Diving Villages, una zona de nueva construcción con tiendas y restaurantes ubicados en edificios que siguen la arquitectura local. Justo al lado la Sheikh Saeed Al Maktoum House, una casa tradicional construida en 1896 y que fue la sede del gobierno y residencia oficial del abuelo del actual jeque. El edificio está bien restaurado y es bonito, pero creemos que es más interesante la colección de fotos que alberga, con imágenes antiguas de Dubai que permiten comprobar la enorme transformación de un puñado de casas de beduínos en el Dubai actual. También hay fotos de la familia del actual jeque. La entrada a la casa cuesta 2 AED.
Hacia el lado oriental del barrio de Bastakiya encontramos un paseo que hay entre el khor y la calle Al-Seef donde se instala una concurrida feria durante el periodo en que se celebra el Dubai Shopping Festival. Nuestra visita a la ciudad coincidió con este festival y tuvimos la oportunidad de pasear por esta feria y ver un castillo de fuegos artificiales sobre el agua de Khor Dubai. Desde esta orilla tendremos una vista privilegiada sobre el llamativo edificio del National Bank of Dubai, un punto de referencia junto al río y que con su característica fachada de vidrio de forma curva refleja en colores dorados el tráfico fluvial.
Burj al-Arab. Este hotel de siete estrellas (clasificado así por sus características realmente excepcionales) es quizás el icono más universal de Dubai y es una atracción turística en sí mismo. El hotel ocupa un singular edificio cuya forma está inspirada en una embarcación a vela y está ubicado en una isla artificial, a 270 metros de la costa y conectado a tierra firme por un viaducto sobre la playa. Con sus 321 metros de altura es el hotel más alto del mundo y en su parte superior llama la atención la plataforma que alberga el helipuerto y que dobla como pista de tenis cuando está libre.
Es ya un clásico para muchos turistas llegar hasta las inmediaciones del hotel para poder fotografiarlo (especialmente llamativo de noche, cuando toda su cubierta exterior está iluminada y se van sucediendo distintas combinaciones de colores), pero es tanto o más espectacular visto desde dentro. El problema es que sólo se puede entrar al hotel si uno se hospeda en una de sus 202 suites o si se tiene una reserva para uno de sus múltiples restaurantes. De hecho, lo más económico es realizar una reserva para el Afternoon Tea en el Skyview Bar (en una plataforma a 200 metros sobre el mar, con espectaculares vistas del entorno) o en el Sahn Eddar (situado en la base del impresionante atrio del hotel, el más alto del mundo), aunque el precio es de 50 € o más. Es imprescindible reservar con antelación en el teléfono +971 4 3017600 o por e-mail. En cuanto a la vestimenta, en el caso de los hombres, se requiere llevar camisa con cuello, pantalones (no tejanos) y zapatos cerrados que no sean deportivos.
Podríamos explicar muchas cosas del hotel y todo lo que lo rodea (personal, clientes, servicios, etc), pero lo mejor es verlo por uno mismo. Sí os podemos decir que faltan sentidos para poder quedarse con este lugar tan especial, la quintaesencia del lujo arábigo. La pregunta del millón es si vale la pena gastarse tanto dinero para visitar el hotel y cada uno puede tener su propia opinión al respecto. Para nosotros fue una experiencia que bien valió la pena, aunque también debemos decir que al final sólo pagamos 15 € cada uno por la visita al hotel (un problema en nuestra reserva hizo que la central de reservas del hotel nos compensara con un acceso especial donde sólo pagamos la bebida que tomamos en el Sahn Eddar).
Para llegar al Burj al-Arab con transporte público desde Deira hay que tomar el autobús 8 ó 8A desde la estación de autobuses Gold Souq Bus Station. Es un laaaargo trayecto (2'5 AED), pero nos deja prácticamente en la puerta. Si vamos con vehículo propio una posible ruta es la siguiente: bordear la ensenada siguiendo Baniyas Rd hacia el este hasta llegar al puente Maktoum que cruzaremos para acceder a la orilla de Bur Dubai. Tomar la avenida Khalid Bin Waleed en dirección al puerto Rashid para luego tomar la calle Al-Mina a la izquierda y después la avenida Al-Jumeirah a la derecha. Siguiendo esta avenida unos 16 km llegamos al hotel, visible desde bastante antes. Otra posible opción más directa para llegar a Bur Dubai desde Deira es a través del túnel Shindagha que cruza bajo la ensenada. Para volver a Deira desde el hotel podemos seguir la avenida Sheikh Zayed, la cual pasa junto a los enormes e impresionantes rascacielos ya construidos o a medio hacer, como Burj Dubai (aún está en construcción, pero ya es oficialmente el edificio más alto del mundo y está previsto que llegue a los 800 metros de altura) o las Emirates Towers. Cruzamos a Deira por el puente Garhoud.
Centros comerciales. Pues sí, aunque parezca mentira, una visita a Dubai no es completa si no se visita al menos uno de sus mega-centros comerciales. Nosotros lo hicimos, pero no para comprar sinó como ejercicio de voyeurismo para un estudio sociológico, ya que los emiratíes (y también los expatriados de lujo) vienen a este tipo de lugares, dejando los zocos del centro para los turistas y los inmigrantes asiáticos. Nosotros elegimos el Mercato por ser uno de los mejores y porque viene de camino al hotel Burj al-Arab. Este impresionante centro comercial reproduce, de forma más o menos kistch, las formas de los palacios de la Toscana o el Véneto italianos. No deja de chocar la imagen de los emiratíes (hombres ataviados con su impecable dishdasha blanca y mujeres de riguroso negro con su abaya que las cubre casi completamente) sentados en el Starbucks o haciendo cola ante unas multisalas de cine. En el aparcamiento sólo veremos lujosos vehículos, mayormente 4x4, donde cargan sus compras. El Mercato está en Jumeirah Rd y se llega a él con vehículo propio o con el mismo autobús 8/8A que para ir al Burj al-Arab.
Otras actividades. Si todo lo dicho no es suficiente para llenar nuestra estancia en Dubai (y si el bolsillo lo permite, claro) aún podremos realizar actividades tan dispares como esquiar en el Ski Dubai (la mayor de sus 5 pistas tiene un desnivel de 60 m. y una longitud de 400), ir a las carreras de caballos al Nadd Al Shiba Club o jugar al golf en al exclusivo Dubai Creek Golf & Yacht Club. Pero una actividad mucho más económica y que puede ocuparnos durante mucho tiempo es la de ver desde la barrera, cual jubilados, las innumerables y espectaculares obras que hay por todo Dubai, como los singulares proyectos The Palm Jumeirah o The World, complejos residenciales y de ocio, ya en construcción, y situados sobre islas artificiales frente a la costa dubaití.
En la estación de autobuses Al-Sabkha, en Deira y a sólo 50 metros del hotel Florida, tomamos el autobús nº 401 al aeropuerto. Nos cuesta 3 AED y en 20 minutos ya estamos en la puerta de la terminal 1 de salidas. Tras pasar los controles de inmigración encontramos una oficina de cambio donde cambiamos de nuevo a euros los AED que nos sobran.
Nuestro vuelo con la compañía Czech Airlines sale puntual y 7 horas después ya estamos en el aeropuerto de Praga, donde conectamos con otro vuelo de la misma compañía a Barcelona, adonde llegamos sin novedad tras 2 horas y 15 minutos de vuelo.
Y aquí se acaba este breve pero intenso viaje!.
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